El tablero electrónico del Senado marcaba la hora exacta de la votación. Decía 1:23 de la madrugada del jueves. Y al lado exhibía la silueta del hemiciclo con una proporción desigual entre bancas coloreadas de verde y otras, bastante menos, rojas. Era el desenlace del debate por la reforma laboral, media sanción en el tratamiento general. La escena tuvo televidentes en vivo. Aquellos que seguían la sesión desde la señal Senado TV o desde canales de noticias.
Para el peronismo, la imagen del cartel -42 a 30, derrota dura- tenía implicancias tan amargas como profundas. ¿Cómo regenerarse, cómo transmitir esperanza, cómo refundar un diálogo con mayorías que supieron votarlo y que hoy viven -o padecen- una mutación estructural acelerada? Interrogantes con ese mismo espíritu -de urgencia- resuenan por estas horas entre representantes políticos, sociales y culturales del arco opositor.
El peronismo, podría decirse, es el “laborismo made in Argentina”; un movimiento que construyó su identidad en torno a un liderazgo, de cierta lectura del mundo y a partir del protagonismo de los trabajadores más la protección de sus derechos. ¿Cómo representar hoy un universo -el de los asalariados- que se ve sumido en una transformación a velocidad turbo?
La fragmentación en las condiciones laborales, el ajuste sobre salarios y jubilaciones, la multiplicación de la informalidad, el multi-empleo y la autoexplotación con tareas adicionales para sumar ingresos y llegar a fin de mes, el endeudamiento constante de las familias para ir financiando consumos ¿pueden constituirse en su “último clavo del cajón”, como desafiaba el fallido candidato mileísta José Luis Espert?
La última frase, está claro, resume el sueño del conservadurismo argentino. Sin ese nivel de beligerancia y lejos de cualquier provocación, actores políticos y académicos empiezan a preguntarse seriamente por el futuro del movimiento que se gestó y consolidó entre 1943, el 17 de octubre de 1945 y las elecciones de 1946. Indagan en su crisis, debates y encrucijadas. Pero sobre todo se preguntan por su capacidad -o dificultad- para articular mayorías sociales y electorales en los tiempos por venir.
El politólogo Sebastián Etchemendy, por caso, salió al cruce de algunos análisis muy pesimistas sobre el futuro del peronismo y su continuidad histórica. Son planteos que vaticinan su inexorable declinación, por cuestiones estructurales. Para Etchemendy, esas miradas pecan de “sociologismo” como también, en ciertos casos, de “culturalismo”.
“Yo difiero con algunos colegas, incluso colegas muy prestigiosos, que para mí tienen una mirada excesivamente sociológica o, digamos, sociologista, sobre este asunto. Son quienes sostienen que la fragmentación del mercado de trabajo condena (políticamente) al peronismo de manera determinante. Eso no es así. Mentira”, replicó en diálogo con Tiempo.
En el mismo sentido amplió: “Hay una visión que plantea que los trabajadores precarizados siguen en el peronismo pero que los (trabajadores) formales o los que están mejor se van. Mentira. Yo creo que la política, a partir de la articulación de alianzas, puede suturar lo que pasa en la sociedad.”
Etchemendy supo ser subsecretario de Políticas Laborales del (otrora) Ministerio de Trabajo en tiempos del kirchnerismo. En la misma cartera se desempeñó como asesor durante la gestión del Frente de Todos. En sus estudios (realizó un doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad de Berkeley, EE UU) se especializó en economía política comparada de América Latina y Europa.
La hipótesis de Etchemendy es que ni las transformaciones en la estructura laboral ni los cambios culturales que inciden en lo subjetivo (cuestiones que, de todos modos, no niega) prevalecen sobre la acción política y su finalidad última: la habilidad para articular sectores sociales heterogéneos. Atributo clave para triunfar en las urnas y requisito ineludible para cualquier movimiento que busca una sociedad más integrada.
A modo de ejemplo histórico, el politólogo y exfuncionario de Trabajo recordó la exitosa articulación de una alianza política y social en la campaña electoral de 2019. “Cuando el peronismo se organizó bien pudo articular alianzas entre sindicatos, movimientos sociales y sus distintas fracciones (políticas y económicas). Y en lo electoral pudo ganar elecciones. El problema es que después el gobierno fue un desastre”, acotó, pero enseguida mencionó que él formó parte de esa experiencia frustrada.
Consultado por la razón principal de la crisis peronista, Etchemendy respondió sin demasiadas vueltas. Dijo que no le preocupaba sonar algo “economicista”. En su mirada, el peronismo no previó ni dimensionó el efecto político demoledor que produce el combo de una inflación muy alta sobre una sociedad fracturada en sus condiciones laborales. “Lo que no vio es que con un régimen de alta inflación y el mercado de trabajo fragmentado perdés, perdés y perdés. No dejás de perder”, sostuvo. Y agregó: “Cuando Macri entró había 30% de inflación mientras que el (último mandato del) peronismo, en 2023, dejó 125 por ciento”.
En su análisis del presente, Etchemendy aconsejó calibrar lo que implica “la potencia política de la desinflación”. “Son procesos que conocimos en otras épocas pero hoy incluso es más fuerte. A mí me sorprendió, y me dedico a estudiar estas cosas. Vos bajás la inflación, en el caso de Milei con apreciación cambiaria, y después podés hacer cualquier cosa: hasta atacar a los discapacitados”, analizó.
Claro que esta descripción debe completarse con la destrucción paulatina e incesante de la economía real. El propio analista lo advirtió al poner el foco sobre los efectos de la política de shock. “Milei va a dejar una hipoteca social fuertísima. Y cuando la gente vea que ya no puede ni andar ni hacer Uber. O cuando siga habiendo, y se profundice, la erosión de ingresos que hay, la gente le va a dar un lugar al peronismo, sin dudas”, vaticinó.
Para concluir, el también docente universitario aseguró que el peronismo necesita una “regeneración”. Dijo que esa tarea, en su visión, “pasa también por una renovación ideológica”. “La regeneración va a ser necesaria porque el país necesitará una reconstrucción. Pero la regeneración del peronismo requerirá de otra mirada sobre la inflación, otro discurso sobre la política social que priorice el rol ordenador del Estado -porque no podés entregarle la política social a los movimientos sociales como en el gobierno de Alberto- y otra mirada sobre la política industrial, más procompetitiva que proteccionista, aunque tenga una parte proteccionista”, concluyó casi en un decálogo improvisado.
