¿Donald Trump habrá visto el bombardeo a Caracas en pantallas 4k? Desde Mar-a-Lago contó que pudo visualizar el secuestro de Maduro como un show de televisión. “Increíble”, “impresionante”, “sólo nosotros podemos hacerlo”, “como un show de televisión”, dijo.
En tiempos de guerra cognitiva, no hay diferencia entre la pantalla y la realidad. Bueno, la pantalla es la realidad, como afirmaba Baudrillard en La guerra del Golfo no sucederá, en el libro acerca de la intervención occidental en Irak encabezada por los estadounidenses. Por entonces, el objetivo era neutralizar las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein. Que no existían.
Ah, pero la “misión cumplida de Bush” permitió “hacer del mundo un lugar más seguro”. Je. En este caso la guerra busca detener al narcoterrorismo del “Cartel de los Soles”, que no existe. Por supuesto que la misión no existe, mientras el mundo es un lugar cada vez más peligroso. Por eso Estados Unidos empuja a Latinoamérica al conflicto mundial por la fuerza.
Primero y desde hace tiempo la agresión norteamericana contra Venezuela fue con sanciones económicas, luego con el bloqueo naval, después un ataque a instalaciones portuarias, ahora con misiles. Parece que impactaron en al menos cinco regiones, lo que incluye cuarteles, aeropuertos y ciudades. Hasta se dice que atacaron el mausoleo de Hugo Chávez. Es que lo concreto y lo simbólico componen lo real. En esa realidad es donde secuestraron al matrimonio Maduro, en un notable alarde táctico. En el momento de escribir, aún se desconocen las bajas sufridas por cada parte. Nos atenemos entonces a la operación de policía realizada por la task force estadounidense, con despliegue de drones y helicópteros. También a los dichos por el propio Trump, que consignó la existencia de buques de terceros países en la invasión. Por supuesto que expuso la mala maldad de Maduro el malo. En efecto, el presidente venezolano fue sindicado como el que coordina las acciones de narcotráfico del “Tren de Aragua”, así como ser la cabeza del “Cártel de los Soles”, que vació prisiones de criminales y manicomios de dementes para mandarlos a Estados Unidos para asesinar norteamericanos. Además Trump lo acusó de robar el petróleo estadounidense, que por casualidad está en territorio venezolano. No sabemos dónde estaba Maduro en ese momento, pero sí podemos aseverar que la nacionalización de la industria petrolera corresponde al muy social-demócrata Carlos Andrés Pérez en 1976, el que creó PDVSA. ¡Contra quien se levantó Hugo Chávez en 1992! Pero por suerte la historia no importa, Donald Trump la escribe y la hace performativa, hasta en el futuro.
En lo que a Venezuela se refiere, nuevos ataques militares permitirán instalar una administración profesional y eficaz en lugar de las autoridades institucionales. Con la correspondiente colaboración civil que las fuerzas de ocupación elijan. Y durará lo que tenga que durar para asegurar una transición “transparente y legal”. Mientras, las compañías norteamericanas recuperarán el “petróleo robado” y lo venderán al mundo. Todo en medio de la felicidad del pueblo venezolano, contento de haberse liberado de una tiranía socialista. “Es un país muerto”, afirma Trump. Entonces, ¿será el Dr. Frankenstein?
El presidente de Estados Unidos también dejó en claro que esto es un ejemplo para el “hemisferio occidental”, es decir América Latina, el habitual “patio trasero” del imperio que nos tocó en suerte.
La Doctrina Monroe estará más presente que nunca con el “corolario” Trump: quienes violen los principios de la política internacional de Estados Unidos serán castigados como el prisionero Maduro. “Ya nadie va a cuestionar nuestro poder en el hemisferio (…) nuestra región doméstica”. Y domesticada o domesticable, le faltó agregar. Parece que la próxima es para Colombia, habida cuenta de la amenaza directa que el señor de Mar-a-Lago cometió contra el presidente Petro, que “tiene fábricas de cocaína” (sic) con las que “envenena al pueblo norteamericano”. Como también sostiene que México está gobernado por los carteles del narco y no por la presidenta Sheinbaum, sin olvidar que el presidente Lula es un comunista, parece que quienes no se parezcan a Honduras, Chile o Argentina (¡vergogna!) no la van a pasar bien.
La administración Trump consideró que no era necesario informar al Congreso de Estados Unidos sobre el ataque. “Pudo haber filtraciones que comprometieran el éxito de la operación”. Sabrán los juristas del norte si ignorar al legislativo para entrar en guerra es tan ilegal como violar la Carta de Naciones Unidas. Apenas detalles. Porque el asunto es más serio: el imperialismo en tiempos libertarios tiene una práctica clara: para los ciudadanos establece que “tu cerebro son mis ideas”; para las mujeres reza “tu cuerpo es mi decisión”; para los díscolos dice “tus (supuestos) delitos son mi justicia”; para los países “tus recursos naturales son mi energía”. Sin duda esto no sea sostenible, pero es violento. Habrá que resistir en nombre de la civilización.


