Politica

la reforma laboral profundiza el debate en el peronismo sobre cómo enfrentar el clima de época


La media sanción al proyecto de modernización laboral significó un nuevo golpe de realidad para la principal fuerza opositora, el peronismo. Con el 40 a 32 de la votación general (desenlace relativamente holgado para la tradición del Senado) el movimiento político creado para expresar el ascenso de los trabajadores y la protección de sus derechos se encontró -otra vez- con un desafío histórico.

Lo que ocurrió este miércoles en el recinto y en los alrededores del Congreso lo puso frente a un espejo incómodo, signo de los tiempos de fragmentación y autoexplotación vía ‘ciberchangas’: la necesidad -ya directamente existencial- de regenerarse para construir esperanza en tiempos oscuros.

En la calle hubo discursos aguerridos, que convocaban a reconstruir un polo de poder como en los albores del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA), a mediados de los ’90. Abel Furlán, secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica y cara visible del Frente de Sindicatos Unidos (FreSU), fue una de esas voces.

“Los trabajadores y trabajadoras tenemos que recuperar centralidad en la discusión política. Nos vamos a cargar ese desafío en la mochila”, prometió desde un camión que se había cruzado sobre Avenida de Mayo a la altura de Luis Sáenz Peña. Lo flanqueaban, a ambos lados del improvisado palco, Daniel Yofra (Aceiteros), Sonia Alesso (Ctera), Rodolfo Aguiar (ATE) y Hugo “Cachorro” Godoy, también del gremio estatal.

El convencimiento de la necesidad de oponerse, la voluntad de resistir, se constataba en el número de la convocatoria. La multitud reunida, hasta que empezaron los incidentes, era importante. Esa actitud colectiva se expresó también en la presencia sobre el terreno -el famoso ‘poner el cuerpo’- de figuras conocidas del arco opositor. Del lado de Rivadavia marcharon unos cuantos diputados de Unión por la Patria. Y en la calle Hipólito Yrigoyen, sobre la vereda de la Casa de las Madres, se hizo presente Axel Kicillof, único gobernador visible en la protesta.

“Esta reforma laboral la armaron con una serie de amenazas y extorsiones a diferentes sectores, que probablemente las tenían ahí pendientes para ver si las dejaban o las sacaban a cambio de un apoyo al núcleo de la ley”, analizó el mandatario bonaerense en una entrevista desde la propia marcha, en formato radio abierta, que salió al aire por la emisora Radio con Vos.

reforma

El clima generalizado -no se disimuló mucho- era de ansiedad y sobre todo de preocupación. La mayoría de los manifestantes descontaba un resultado desfavorable. Esa percepción se traducía en fugaces charlas bajo las banderas de las columnas; también al cruzar ideas mientras las pantallas de los bares mostraban en vivo a los canales de noticias dirigiendo sus drones hacia las primeras (¿y coreografiadas?) bombas molotovs. La placa de C5N, cerca de las 15:30, lo resumía así: “Adentro sesión, afuera tensión”. 

Lejos de los micrófonos, algunos participantes que transitaron coyunturas adversas se animaban a compartir su desaliento; cierta tristeza irónica rayana en la desmoralización. Otras opiniones, sin embargo, contradecían el abatimiento. Lo hacían con énfasis, exponiendo argumentos y datos duros. Y además advertían (sin exagerar el dramatismo) que la mayoría de las provincias afronta una situación de emergencia que se agrava progresivamente a medida que pasan los meses. Dicho de otro modo, la pradera empieza a estar “seca”.

“Hoy son los polis (sic) de Rosario, mañana los docentes de todo el país. Y van a terminar siendo los textiles, los mecánicos, todos los trabajadores industriales. El plan de Milei no está funcionando… Ellos (por el mileísmo) lo pueden contar como quieran pero a la hora del bolsillo el resultado es contundente”, resumió ante Tiempo un experimentado dirigente del PJ que proviene del conurbano y tiene mucha práctica-dos mandatos consecutivos-en la gestión.

El mismo peronista completó su análisis con un pronóstico: “La economía de Milei está en coma. El modelo no les cierra. Si tienen que aumentar los sueldos. Se les va al carajo la inflación; si se reactiva la actividad económica no hay suministro de energía para los que necesitan. Y las provincias están absolutamente fundidas y quebradas. Imagínese que (Maximiliano) Pullaro no se va a comer una semana de conflicto con la cana porque le gusta”, insistió en la charla con este diario.

Dentro del Palacio Legislativo, los 28 senadores identificados con el peronismo plantearon sus razones para rechazar el dictamen. Eran 21 del bloque Justicialista, 5 de Convergencia Federal y 2 del Frente Cívico de Santiago del Estero: los 28 que por ahora mantienen el funcionamiento de interbloque. Lo mismo hicieron los dos representantes por la mayoría en Santa Cruz (aunque en la votación en particular acompañaron el apartado del Fondo de Asistencia Laboral, el discutidísimo FAL).

Adaptarse o resistir: la reforma laboral profundiza el debate en el peronismo sobre cómo enfrentar el clima de época

 Así se totalizaron los 30 votos en contra. Por el contraio, otros tres legisladores procedentes del panperonismo (entendido este en un sentido amplio) hicieron un aporte fundamental para la mayoría de 42 votos: fueron la cordobesa Alejandra Vigo (esposa del exgobernador Juan Schiaretti), el deportista correntino Carlos Espínola y la salteña Flavia Royón, allegada al mandatario Gustavo Sáenz y hace poco tiempo secretaria de Energía nacional. Royón ocupó el cargo en la última etapa de la gestión del Frente de Todos, con Sergio Massa ministro de Economía.

Antes de la votación se escucharon planteos de todo tipo: las premisas parecían ser modernizar o defender derechos y conquistas. En los discursos, por otro lado, reapareció el estado de debate que atraviesa al movimiento creado en 1945: la senadora jujeña Carolina Moisés, por caso, suspendida del partido tras haber votado a favor del RIGI y del Presupuesto 2026, opinó que el PJ fue perdiendo un atributo de su ADN. Dijo que como espacio político había descuidado su conexión “con el trabajador real”.

“El peronismo siempre se caracterizó por comprender las transformaciones sociales antes que el resto de las fuerzas políticas; por tener esa percepción permanente de lo que pasa en la calle, de lo que le pasa a la gente. El peronismo siempre tuvo el espíritu movimientista de entender la puja de intereses de una sociedad para tratar de traducir esos intereses, sintetizarlos y construir propuestas superadoras”, sostuvo.

Luego puso el foco sobre los últimos años y entonces añadió: “El peronismo, lamentablemente, se fue reduciendo a un debate entre cúpulas y a una cuestión cerrada.”

La vida del obrero es así

El final de la sesión, pasadas las 3 de la mañana, encontró al dictamen modificado en artículos claves. Los cambios aligeraron el recorte fiscal en Ganancias (lo que hubiera afectado mucho a las provincias por el efecto en la coparticipación) y moderaron -aunque muy parcialmente- perjuicios operativos para el funcionamiento de los sindicatos.

En otros tramos del proyecto, en cambio, la media sanción ratificó o hasta profundizó la impronta refundacional y regresiva del proyecto: una reforma maximalista, desreguladora a lo Sturzenegger, bien pro-elite empresaria.

Algunos de los cambios incorporados al final fueron, por un lado, la eliminación del recorte del 30% al 27% en las alícuotas de Ganancias para las empresas y, por otro, el sostenimiento del 6% (la versión inicial proponía reducirlos al 5%) en los aportes patronales que financian las obras sociales.

Otros puntos modificados en el tratamiento en particular incluyen, a juicio del laboralista Gustavo Ciampa, una suerte de amenaza latente: la figura del “reloj de arena”. Un ejemplo de ese mecanismo recaerá (siempre que se apruebe la ley) sobre la cuota sindical que pagan los trabajadores, sean afiliados o no. Se fijó para eso un tope del 2% del salario mensual pero exclusivamente por dos años. Al cumplirse ese período dejaría de estar vigente.

Adaptarse o resistir: la reforma laboral profundiza el debate en el peronismo sobre cómo enfrentar el clima de época

Otro caso parecido ocurrió con regímenes especiales y estatutos profesionales, entre ellos el Estatuto del Periodista: se mantuvo su derogación (prevista en el dictamen original) pero se acordó que recién entrará en vigencia a los 180 días (seis meses) de sancionarse la ley.

Asesor parlamentario del diputado y gremialista Sergio Palazzo (La Bancaria), Ciampa explicó la lógica patronal del ‘reloj de arena’. “Su aplicación hace que, vencido el período del que se trate, sea uno o dos años, quede derogado un derecho. Y lo que hace es debilitar al colectivo por anticipado. Eso yo lo veo mucho en la negociación colectiva cuando en los ataques a la ultraactividad de los convenios se dice: ‘bueno, se los va a mantener activos pero por el término de un año’. La consecuencia es, claramente, debilitar al sector sindical”, analizó a pedido de este diario.

La batalla por la ‘modernización’, se sabe, seguirá con el tratamiento en Diputados. El mileísmo apunta a que se trate en lo que resta de febrero, antes de concluir las sesiones extraordinarias. Detrás de su aprobación hay -aparte de todo- importantes intereses económicos y una narrativa amigable que los justifica: la supuesta consolidación del mercado de capitales en el ámbito local.

“El Fondo de Asistencia Laboral es un negociado. La ley viene con un caballo de Troya. ¿Quién va a administrar esos fondos? Los bancos y las sociedades comerciales con fines de lucro, que pasarán a administrar el 3% de la masa salarial. Son miles de millones de dólares que se sacarían de la seguridad social, recursos que estaban destinados al pago de jubilaciones y pensiones”, dimensionó Ciampa.

El peronismo sabe que el debut de la reforma no sólo implicará efectos prácticos para las relaciones laborales, también tendrá impactos simbólicos. En el arco opositor, sin embargo, nadie cree que un mero cambio normativo genere per se una ampliación de la masa laboral registrada. Eso, replican, depende exclusivamente de la orientación de las políticas económicas. “Esta reforma laboral es un modelo para una economía con salarios muy bajos”, cuestionó el ministro de Infraestructura bonaerense, Gabriel Katopodis, en diálogo con Tiempo.

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Gabriel Katopodis, ministro de Infraestructura bonaerense.

Foto: @gkatopodis / Twitter

El funcionario atribuyó el proyecto a una pretensión histórica de las elites argentinas: contar con una suerte de cerrojo o corset legal que institucionalice a lo largo del tiempo el control de la puja distributiva. “Esta es la reforma laboral que necesitan los grandes sectores económicos concentrados de poder”, dijo. Y agregó: “Tenemos la responsabilidad de convocar a una esperanza. Que el argentino de a pie pueda trabajar y tener un solo trabajo con un salario que le alcance. Que nadie se acostumbre a vivir mal. Esa es la principal tarea que tenemos.”

El malestar por la dura existencia de todos los días, de todos modos, sigue ahí. Se lo detecta en estudios cualitativos. Aparece en conversaciones llanas de todos los días. Se expresa en la preocupación por el salario y el poder adquisitivo (que sube en el ránking de los sondeos); también en la explosión de la mora con bancos y fintech (billeteras electrónicas como Mercado Pago) por la acumulación de deudas impagables con tarjetas y préstamos personales. Diego Valeriano, colaborador de la revista Panamá y autor de microrrelatos -aguafuertes de la vida cotidiana- desde la cuenta de Instagram Futuro Devaluado sintetizó esa manera de vivir. Lo hizo con crudeza en un artículo reciente: “Capitalismo de rostro humano”.

En diálogo con Tiempo, Valeriano observó que en este presente “hay como una reforma laboral propia de cada uno, que te lleva a la autoexplotación”. “Es como que eso (por los cambios laborales del Congreso) se discuten sólo para una parte de la población”, opinó. Y añadió: “El proceso de autoexplotación, de ‘salvarse’ y replegarse sobre uno mismo para zafar con la guita ya está entre nosotros. Y cada vez se acelera más.”

Para Valeriano, sin embargo, no todo es agotamiento y ‘burn-out’ (síndrome de estar quemado por acumular tareas para complementar ingresos). “Yo tengo amigos que trabajan en IOMA, salen a las 15, agarran el auto (para hacer Uber) y salen cuatro horas por día después de su laburo. Están un poquito mejor, un poquito más tranquilos. Aunque se autoexploten. Tienen una cuota más de esperanza, aunque sea una esperanza falopa”, dijo.

 Valeriano tuvo un paso por movimientos de desocupados al calor del 2001. Más acá impulsó un emprendimiento textil: no le fue bien. Consultado por la reforma laboral, el polemista de las redes relacionó ese debate con las vidas cruzadas de trabajadores registrados e informales. “Milei puede hacer una reforma laboral con un montón de cosas porque ya nadie les cree a los que podrían impedirla. Hay una victoria cultural propia de un clima de época y una derrota estrepitosa de otra cultura, que hartó. Mientras tanto intento sobrevivir como sea: bajo la app y me hago cuatro horas en Uber después del trabajo. ¿Hay algo anímico también? Sí”, replicó.

Sus respuestas, provocadoras, reflejan una parte y de ninguna manera el todo. Pero resumen el aturdimiento del peronismo.



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