Lionel Scaloni continúa planificando todo para el inicio del Mundial 2026 con la Selección Argentina. A falta de poco más de cinco meses para la cita mundialista, la incertidumbre comienza a rodear la conformación de la lista final. La columna vertebral del combinado nacional parece inamovible. Sin embargo, el entrenador se enfrenta hoy a un dilema complejo: equilibrar la gratitud hacia los héroes de Qatar con la cruda exigencia del presente futbolístico.
El cuerpo técnico de la Selección busca sostener la base. Aunque, las lesiones reiteradas y la pérdida de continuidad pusieron en evaluación a varios históricos que ya no tienen su lugar asegurado. Uno de los casos que más preocupa es el de Giovani Lo Celso. El volante, pieza clave para el esquema de Scaloni cuando está en plenitud, volvió a sufrir una molestia muscular que lo deja fuera de la Finalissima ante España. Es un golpe duro en un sector de la cancha donde la competencia interna creció exponencialmente.
Qué otros históricos analiza Scaloni en la Selección
La defensa también presenta interrogantes de peso. Juan Foyth atraviesa un panorama crítico tras la rotura de su tendón de Aquiles. Esto lo marginará de las canchas hasta el segundo semestre del año.
Por su parte, Marcos Acuña hoy depende casi exclusivamente de su condición física para mantenerse en carrera. Perdió terreno rápidamente frente a otras opciones cuando no está al 100% de sus capacidades. En contraste, Nicolás Tagliafico le aporta tranquilidad a Scaloni. Pese a un susto reciente en la Europa League donde un rival cayó sobre su pierna, su récord de 85 partidos jugados desde la última Copa América avala su vigencia física.
La presión aumenta con la irrupción de la «nueva guardia». Talentos como Nicolás Paz, Franco Mastantuono, Valentín Barco y Giuliano Simeone están empujando desde atrás y obligan a Scaloni a replantear las jerarquías de cara a la cita mundialista.
Nombres como Paulo Dybala y Ángel Correa, aunque indiscutidos por talento, también sufren para sostener la regularidad necesaria. El mensaje desde el predio de Ezeiza es tajante: en la Selección Argentina el pasado se respeta, pero el lugar en el Mundial se gana día a día en la cancha.


