Mientras el país se detiene por el cuarto paro general contra la gestión de Javier Milei, la tensión social se trasladó a las rutas. Desde las primeras horas de este jueves, una columna de trabajadores de la empresa Fate, junto a docentes de CTERA y diversas organizaciones sociales, concretó un corte total de la Autopista Panamericana a la altura de la calle Uruguay, en la localidad de Virreyes. La medida de fuerza es una respuesta directa al anuncio del cierre definitivo de la planta de neumáticos y al tratamiento de la reforma laboral en la Cámara de Diputados.
El bloqueo en el Ramal Tigre se convirtió en el epicentro de la resistencia en el Conurbano norte. Los manifestantes, que denuncian el abandono del Estado frente a los 920 despidos en la fabricante de cubiertas, mantuvieron la traza cortada bajo la vigilancia de la Gendarmería Nacional. Tras momentos de fricción, los efectivos solicitaron la liberación parcial de la calzada, logrando que los trabajadores cedieran medio carril para el paso de vehículos, aunque el tránsito en la zona permaneció fuertemente afectado durante gran parte de la mañana.
Los trabajadores de FATE y sus familias acaban de CORTAR TOTALMENTE la Avenida Panamericana mano a Capital. No se puede ingresar a la Ciudad de Buenos Aires. La fábrica fundió después de 86 años. 920 trabajadores despedidos pic.twitter.com/Sx76VnbiRF
— Arrepentidos de Milei (@ArrepentidosLLA) February 19, 2026
La protesta refleja el malhumor social que rodea la sesión legislativa de hoy. Para los operarios de Fate y los docentes de CTERA, el proyecto de reforma laboral no es una «modernización», sino una herramienta que convalida la destrucción de puestos de trabajo y la pérdida de derechos adquiridos. Pese a que la circulación habitual se vio reducida por la huelga general de transporte, los conductores que transitan por la zona deben desviarse por la Avenida Avellaneda para evitar el núcleo de la manifestación.
Con este corte, el conflicto industrial de San Fernando escala al plano nacional, exponiendo la cara más cruda del modelo económico libertario: fábricas cerradas, trabajadores en la calle y un Congreso blindado que sesiona de espaldas a la realidad de las bases productivas.


