Un mismo evento puede ser inédito en su historia y a la vez repetido como un loop inacabable. En Perú, sí. Este domingo, peruanas y peruanos están convocados a elegir su décimo presidente en diez años, en una espiral de inestabilidad institucional que no para desde tiempos de Alberto Fujimori, con la particularidad de que se presentan 35 candidatos. Una cantidad récord en el registro electoral del país andino. Desplegados en una boleta sábana de aproximadamente medio metro por medio metro, un puñado de aspirantes apenas llega al 15% de intención de voto en las encuestas y el resto no supera los cinco puntos. Historia también repetida en Perú, que refleja otra crisis de representatividad manifiesta en la fragmentación partidaria. También que el resultado final se deberá dirimir en la segunda vuelta del 7 de junio. Más allá de lo que dicen los guarismos, también queda claro que no puede haber certezas de quienes llegarán al podio de los primeros dos lugares. Las consultoras dan como favorita a Keiko Fujimori (Fuerza Popular), y eso no es novedad. La hija del expresidente condenado por delitos de lesa humanidad, mantiene un piso electoral que le permitió en las dos elecciones anteriores llegar al balotaje, paro perder, incluso en los últimos comicios de 2021, por pocos votos ante Pedro Castillo, entonces un “tapado” que no había sido registrado por los radares estadísticos.
Esta oportunidad, como ocurre habitualmente, son los candidatos ultraconservadores los que encabezan las preferencias. Tras Fujimori con el 14,5%, con el 10% de los apoyos está Carlos Álvarez (País para Todos), conocido humorista de la tv reconvertido a político. Su perfil es del clásico “outsider” que pretende canalizar el descontento a base de ocurrencias y demagogia punitiva. Álvarez alcanzó en intención al exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga (Renovación Popular), representante de la derecha tradicional, que al igual que el cómico esgrimió un discurso de mano dura.

Detrás aparecen cuatro candidatos, que a pesar de contar con menor intención de voto, mantienen cierta competitividad por colarse en segunda vuelta. Entre ellos, las primeras opciones de la izquierda, como Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), con el 4,9% y una agenda en la que incluye mayores derechos, reforzar servicios y el indulto del expresidente Castillo. Sánchez se presenta como la opción más firme de captar el voto disperso de quienes se sintieron representados por Castillo, ya que el presidente de Perú Libre y candidato, Vladimir Cerrón, no logra sumar intenciones y el gobierno interino de José María Alcázar (provenía de su partido), no logró traccionar votos, más bien, lo contrario: se mantuvo a distancia. Además, Cerrón está considerado prófugo por la justicia por una causa iniciada por supuesta “colusión” durante su gobierno departamental de Junín. La Defensoría del Pueblo, de todas formas, advirtió que Cerrón podrá presentarse a votar sin riesgo de ser detenido, pese a la orden de interpol que lo solicita.

El antiguo rector de la Universidad Nacional de Ingeniería y exdirector del Banco Central de Perú, Alfonso López Chau (Ahora Nación) y el exministro Jorge Nieto (Partido del Buen Gobierno) constituyen otras opciones del espectro centro-progresista que compiten en números con Sánchez, junto con el comunicador Ricardo Belmont (Cívico Obras) que hizo gala de su machismo y de su homofobia en varias ocasiones. El resto, muchos de ellos unos completos desconocidos, superan por poco, en el mejor de los casos, el 4% de los apoyos.
Otros aspectos inéditos para estas elecciones son el hecho de que el censo electoral aumentó en un 8% el padrón, y que los votantes elegirán, además de 130 diputados, a 60 miembros del Senado que se repone luego de 32 años de asamblea unicameral. Se registraron más de 10.000 contendientes para ingresar al Congreso, un número también record. Las últimas encuestas apuntan que la Cámara de Diputados estará conformada por cinco partidos. Fuerza Popular de Fujimori sería la principal bancada, con hasta 39 escaños. Renovación Popular (30), Juntos por el Perú (29), Ahora Nación (23) y Partido del Buen Gobierno (9) completarían el arco parlamentario. Esto también es una expresión de la inestabilidad institucional que atraviesa Perú hace años, ya que si Fujimori llega a ser presidenta, tendrá un Congreso en minoría, y si en cambio gana un candidato progresista que llega con pocos votos en la primera vuelta, tendrá a toda la derecha abroquelada en su contra.


