En medio del debate por la reforma laboral, una de sus principales impulsoras optó por un giro argumental inesperado. La senadora Patricia Bullrich, en lugar de desglosar el contenido del polémico proyecto o fundamentar sus modificaciones a la normativa vigente desde 1974, dirigió la atención hacia la historia del teléfono móvil. Contrastó el primer prototipo de 1973, aparatoso y de escasa autonomía creado por Martín Cooper, pionero en el desarrollo de la tecnología celular, con la sofisticación de un smartphone moderno, sugiriendo que la legislación del trabajo argentina permanece anclada en el pasado con la misma obsolescencia.
Saluden a Martín.
En 1973, él creó el primer celular, un año antes de nuestra ley laboral. Pesaba casi un kilo, medía 25 cm, la batería duraba 30 minutos y tardaba 10 horas en cargarse. Muy cómodo para transportar…
En la otra imagen está el iPhone 17 Pro: creado por una de… pic.twitter.com/lja0ioG9qm
— Patricia Bullrich (@PatoBullrich) February 6, 2026
Otro papelón de Bullrich
La comparación, presentada por Bullrich en redes sociales, resultó en un razonamiento elusivo que omitió por completo el núcleo de la discusión. Mientras el Senado se prepara para tratar la iniciativa, la exposición pública de la negociadora se centró en una metáfora tecnológica superficial, sin explicar en qué consiste la pretendida «modernización» del sistema o cómo afectaría concretamente a los trabajadores. El ejemplo, aunque gráfico, funcionó como un desvío hacia un terreno irrelevante para el fondo del asunto.
La estrategia dejó al descubierto la falta de una propuesta concreta y debatible, reemplazando la sustancia por una analogía que, pese a su efectismo visual, no aporta ningún argumento jurídico, económico o social. El llamado a «evolucionar» se diluye en una imagen, evitando deliberadamente el debate serio sobre las modificaciones que se pretenden introducir y reforzando la percepción de que se eluden los puntos críticos de una reforma que merece un análisis profundo y transparente.


