El sable corvo de José de San Martín, utilizado en casi todas las batallas por la independencia y legado por el Libertador a Juan Manuel de Rosas, continúa en el centro de una controversia. María Inés Rodríguez Aguilar renunció a la dirección del Museo Histórico Nacional (MHN) en total desacuerdo con la decisión del Gobierno de trasladar la custodia de la reliquia desde el MHN al Regimiento de Granaderos a Caballo. Esto generó que varios medios quieran conocer su análisis, entre ellos Tiempo.
Mientras tanto, el Juzgado Contencioso Administrativo Federal Nº 12, a cargo de la jueza Macarena Marra Giménez, rechazó la medida cautelar solicitada por los descendientes de Máximo Terrero y Manuela Rosas -los donantes originales del sable-, que busca frenar el traslado. Así, al cierre de esta nota todo indica que el presidente Javier Milei podrá encabezar el traslado -dispuesto en el decreto 81/2026- previsto en un acto programado para el sábado 7 de febrero en San Lorenzo, provincia de Santa Fe.
Pero la controversia está lejos de terminar. En el plano judicial, no quedó resuelta todavía la cuestión de fondo, ya que el Poder Ejecutivo deberá presentar informes, se recopilarán pruebas sobre el parentesco de los descendientes y se consultará a organismos especializados antes de la resolución final. Otra ex directora del Museo Histórico Nacional, la historiadora Araceli Bellotta, se presentó en la causa como amicus curiae (“amigo del tribunal”) para sentar posición.

También, legisladores opositores impulsan proyectos de ley para derogar el decreto del traslado, y varios historiadores manifestaron su oposición. En medio de este clima, Rodríguez Aguilar destaca la importancia de incorporar y aceptar “todas las miradas de la historia” en una real convivencia democrática, y señaló que el gobierno nacional, con esta medida, busca “legitimar a un sector”.
–¿Cuáles son los argumentos del gobierno para justificar el traslado del sable?
Dicen que no hay seguridad, lo cual no es cierto. Tenemos granaderos que custodian el sable. Y por otro lado está la donación: el sable está donado para que la sociedad y la historia nacional hablen de su pasado. Bueno, aquí estamos.
-¿La voluntad de los donantes, de los descendientes de Terrero y Rosas, era donarlo al Museo Histórico Nacional?
Sí, la voluntad era donarlo al Museo Histórico Nacional. En un momento la familia Terrero tiene una disidencia, porque había un sector de la familia Ortiz de Rosas que decía, bueno, que (el sable) vaya al Museo Histórico, a la Argentina, pero cuando sea devuelto el cuerpo de Rosas a la Argentina (NR: la repatriación del cuerpo de Rosas se concretó en 1989). Y Manuelita Rosas, con mucho criterio, ya grande, dice ‘no, cuando vuelva Tatita, será una historia. Pero ahora que el Museo reciba el sable’. Así que siempre hubo tensión.
–¿Cómo llegó a esta situación que desembocó en su renuncia?
El señor (ex ministro de Defensa y actual diputado) Luis Petri, el Regimiento de Granaderos, con alguna intervención del ministerio de Defensa, quisieron llevar el sable el año pasado. Pero, felizmente, alguien lo defendió como se debía defender y el sable no salió. En ese momento les dije si esto llega a pasar, me voy a mi casa. Y aquí estoy, dedicándome a lo que siempre me dediqué, a estudiar el patrimonio y trabajar para la historia argentina. Ya está.
-¿Qué lectura hace de esta medida?
He sido testigo de situaciones profundamente emotivas con este tema del sable. Las cosas que ha escrito la gente. En los últimos días tuvimos 1.700 personas que se acercaron al Museo. Hay gente que lloraba cuando ve sable. Iba al Museo y decía ‘yo no lo voy a volver a ver’. Veremos qué hace Granaderos con esto, también ellos tienen una oportunidad. Este es un modo de legitimación de un sector, también hay que decirlo, porque no hay que ser ingenuo.
-También se menciona el posible daño y el precedente que genera modificar el destino de una donación tan importante a un museo nacional, como este caso. ¿Es así?
Desde la noche de los tiempos, los objetos y testimonios en un museo tienen su alegoría y su significado, que no siempre son leídos a través de los siglos de la misma manera. Pero hay unos acuerdos finales en donde la gente tiene que ir, sentir, pensar, y después tomar la decisión que quiere. Hay acuerdos para aceptar muchas miradas. Existe el Museo Mitre, el Museo Sarmiento, el de la Casa de Tucumán, he trabajado en el Museo Roca, sobre el Cabildo no siempre se ha tenido la misma mirada a lo largo de su historia. En una sociedad respetuosa y democrática, así debe ser. Hay que incorporar todas las memorias de la historia.
-¿Qué le gustaría que tuviera en cuenta la ciudadanía sobre el Museo?
El Museo Histórico tiene más de 30.000 objetos. Tiene la Tarja de Potosí, retratos de Belgrano, el tintero de la Independencia, todo lo que pasó entre el 22 y el 25 de mayo. Tiene toda un área que se llama Tiempo de Provincia, que es todo el desarrollo de los gobiernos rosistas.
También tiene un área sobre Hernández, un área sobre Juana Manuela, la primera mujer literata argentina. Tiene exhibidas algunas cosas emblemáticas que estaban a la espera de un nuevo guion. Estábamos realizando ahora todas las miradas incorporadas, virreinatos y misiones jesuíticas.
Y algún equipo, cuando saliera de ese trabajo alrededor del mes de julio, iba a empezar a trabajar con el 1880 al 1900. Trabajo hay. Hay que hacer muchas cosas, al Museo hay que cuidarlo. No tenemos aire acondicionado, ya vendrá. Los empleados, a los que estoy muy agradecida, tienen un fuerte compromiso con la Institución Museo Histórico. Así que, por favor, vayan de visita.


